Miguel Ángel Ruiz Parra es periodista ambiental en el Grupo Hozono Global. Cuenta con más de treinta años de trayectoria profesional y un máster en gestión medioambiental por el Instituto de Investigaciones Ecológicas. Su labor informativa ha sido reconocida con galardones como el Premio de la Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad (2023); Orange y Ecovidrio (ambos en 2021); Life Iberlince (2016); y Casa Mediterráneo (2014). Es autor de la novela ‘Almenara’ (Xordica, 2024) y de ‘Diario de Cabo Cope’ (Tundra, 2025), y coautor del ensayo ‘Mapa de la crisis ambiental en España’ (Icaria, 2024).
Miguel Ángel Ruiz, periodista ambiental del Grupo Hozono Global, nos invita a conocer cuatro lugares de gran valor ecológico.
Ahora suena como un mensaje alarmista o directamente apocalíptico, pero en el año 2002 se consideraba que el lince ibérico iba camino de una extinción segura: quedaban menos de cien ejemplares repartidos en dos núcleos de población incomunicados, en Doñana y Sierra Morena, los últimos refugios del que en ese momento estaba considerado el felino más amenazado del planeta.
Ese escaso número de individuos hacía inviable su recuperación, temían los expertos, que veían al felino como un muerto andante. La persecución directa, en forma de disparos y venenos en el campo, las enfermedades que asolaron a los conejos de monte (el 90% de su dieta), la endogamia y otros factores, como atropellos y deterioro de su hábitat, habían llevado a uno de los emblemas de la fauna ibérica hasta un punto sin retorno. Sólo cabía disfrutar mientras se pudiera, con pena eso sí, de su presencia formidable en la naturaleza.
Poco más de dos décadas después, la situación es muy diferente: casi 2.500 linces ocupan muchos de sus antiguos territorios en el sur de España, las diferentes poblaciones comienzan a estar conectadas a través de corredores ecológicos que favorecen la diversidad genética y el ‘Lynx pardinus’ ha pasado de ‘en peligro crítico de extinción’ a ‘vulnerable’ en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
¿Qué ha ocurrido para que en sólo 24 años se haya salvado un escasísimo carnívoro al que se daba por desaparecido?
La respuesta está en una combinación de audacia y colaboración entre administraciones, conocimiento científico, apoyo social y una fuerte aportación financiera de la Unión Europea, que a través de diferentes proyectos Life ha puesto sobre la mesa decenas de millones de euros para sostener una estrategia de conservación liderada desde sus inicios por la Junta de Andalucía a la que se han ido sumando las comunidades de Extremadura, Castilla-La Mancha, Murcia y la región portuguesa del Algarve. Además, numerosos socios han acompañado a los gobiernos regionales durante las dos últimas décadas, entre los que destacan entidades conservacionistas (WWF, Adenex) y científicas (Estación Biológica de Doñana-CSIC, Universidad de Córdoba), sociedades de cazadores (Fundación Artemisan) y empresas privadas.
Este ambicioso programa para la recuperación del lince ibérico cuenta también con el paraguas coordinador del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), que gestiona dos de los cuatro centros de cría en cautividad de la especie: El Acebuche (Doñana, Huelva) y Zarza de Granadilla (Cáceres). La Junta de Andalucía dirige el centro de La Olivilla (Jaén) y el Instituto de Conservación de la Naturaleza de Portugal el de Silves (Algarve).
La Región de Murcia se sumó a esta historia de éxito en el año 2011, en una carrera de fondo que se inició identificando las zonas más propicias para la reintroducción de linces. En un principio se contemplaron lugares como la Sierra de la Pila (donde se cree que acecharon los últimos linces murcianos, en la década de los ochenta), el Altiplano, Cieza, Calasparra e incluso Escalona y la Almenara, pero ninguno pudo superar las exigencias técnicas del plan de reintroducción: una presencia de conejos suficiente para garantizar la subsistencia de los felinos y un espacio de terreno amplio (un mínimo de 20.000 hectáreas en ese momento), con hábitat en buen estado, sin molestias humanas y con bajo riesgo de atropellos.
El enclave elegido finalmente fueron las Tierras Altas de Lorca, un soberbio y solitario espacio natural presidido por la montaña del Gigante y cuya ‘capital’ puede considerarse la pedanía de Zarcilla de Ramos, lindero con el Parque de Sierra María-Los Vélez (norte de Almería) y dotado de figuras europeas de protección ambiental como Lugar de Interés Comunitario (LIC) y Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA).
En este emplazamiento estratégico, muy cercano al pantano de Puentes, comenzaron a reintroducirse los primeros linces en marzo de 2023, hace ahora tres años, en un principio mediante el procedimiento de suelta blanda; es decir, manteniéndolos durante algo más de un mes en dos cercados de aclimatación de una hectárea cada uno para que se habituaran a su nuevo hogar. Una vez que se han asentado en las montañas de Lorca, las nuevas liberaciones se realizan mediante la suelta dura: directamente en la naturaleza, en la confianza de que perciben pronto la presencia de sus congéneres y se quedan en el entorno, interactuando con ellos.
En el regreso del lince a la Región de Murcia ha jugado un papel destacado Orthem a través de los diferentes servicios que presta a la Consejería de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor. Entre ellos, la conservación y adaptación de los espacios naturales donde ya campea la especie, la coordinación de los centros de información a visitantes en parques regionales y la gestión del Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de El Valle, donde los carnívoros pasan sus primeros días, trasladados desde las instalaciones de cría en cautividad, antes de su liberación en las Tierras Altas de Lorca.
También, Orthem ha construido un cercado de aclimatación en la emblemática finca Quintos de Mora (Los Yébenes), que pertenece al Patrimonio Forestal del Estado y está gestionada por Parques Nacionales, con vistas a futuras reintroducciones en esta zona de los Montes de Toledo.
Precisamente, personal de Orthem, la empresa de Grupo Hozono Global especializada en gestión forestal y conservación de espacios naturales, ha participado en una jornada técnica sobre el proyecto de recuperación del lince ibérico celebrada en el Parador de Lorca, con una posterior visita de campo al entorno del pantano de Puentes, donde los asistentes pudieron ver rastros recientes de la presencia de la especie, como excrementos y restos de conejos devorados.
El técnico responsable del proyecto de reintroducción del lince en la Región de Murcia, Juan Faustino Martínez Fernández (Dirección General de Patrimonio Natural y Acción Climática), resumió la situación de la especie en el conjunto de la península y también en la Comunidad Autónoma. Esta es la esperanzadora realidad del lince ibérico en datos:
Proyectos Life:
- Life Lince: 2002-2011
- Life Iberlince: 2011-2018
- Life Lynx Connect: 2020-2025
2.401 linces en España y Portugal (censo de 2024, últimos datos disponibles).
844 cachorros nacidos en 2024.
470 hembras reproductoras (se estima que el estado favorable de la especie se alcanzará con 750 en 2040).
17 núcleos de población en la península (16 en España y 1 en Portugal).
475 linces liberados desde 2010.
35 linces liberados en Lorca (8 en 2023, 11 en 2024, 5 en 2025 y 10 en 2026).
24 linces asentados en Lorca (a esta cifra, que incluye los cachorros nacidos en 2025, se le restan los ejemplares muertos en diversas circunstancias, los individuos divagantes y los que se han asentado en la cercana comarca almeriense de Los Vélez).
Con el proyecto Life Lynx Connect finalizado, los responsables del programa están haciendo balance durante los últimos meses en los territorios en los que el lince está recuperando sus predios históricos. También en la Región de Murcia, donde la aceptación social en el ámbito rural ha sido óptima, hasta el punto de que estos felinos ya son considerados como unos lorquinos más: admirados, bien recibidos y cuidados.
La financiación europea para continuar con la expansión de los linces está sin embargo en entredicho debido a la nueva orientación del Pacto Verde a partir de 2027, y también por la generosa dotación económica que Bruselas ha concedido ya a los diferentes proyectos Life desde 2002. Sin embargo, nadie podrá decir que se trata de un dinero mal empleado, puesto que las ayudas no sólo han servido para salvar a estos bellos carnívoros exclusivos de la península ibérica, sino que han contribuido a mejorar el estado de importantes espacios naturales y también a proteger otras especies que se han beneficiado de esta estrategia de conservación ambiental.
En un futuro marcado por el calentamiento global, con la Región de Murcia en primera línea de exposición en el continente europeo, los científicos advierten de que una naturaleza bien conservada es fundamental como primera defensa ante la emergencia climática. Para los linces y también para las personas.


LinkedIn




