Manuel Quijada es director de Medioambiente, Agua y Energía en el Grupo Hozono Global, compañía en la que desarrolla su actividad laboral desde hace más de 25 años.
Manuel Quijada nos habla de gestión forestal, prevención y colaboración público-privada para proteger un patrimonio común.
Hay decisiones que no siempre ocupan titulares, pero que determinan cómo será el mundo que dejaremos a las próximas generaciones. La gestión forestal es una de ellas. Silenciosa, constante y profundamente estratégica, se ha convertido en una de las inversiones más rentables, en términos ecológicos, económicos y sociales, que puede realizar una sociedad moderna.
Un bosque bien gestionado no solo crece: respira, protege y sostiene la vida. Regula el ciclo del agua, fija carbono, conserva la biodiversidad, protege el suelo frente a la erosión y actúa como barrera natural ante incendios y otros desastres. Además, impulsa el desarrollo rural, genera empleo y mejora la salud física y mental de las personas.
Sin embargo, para que todo eso ocurra, el bosque necesita algo más que buenas intenciones, necesita planificación, conocimiento técnico y trabajo continuado durante todo el año.
La prevención empieza mucho antes del fuego
Existe una idea errónea muy extendida, la de pensar que la lucha contra los incendios forestales comienza cuando aparecen las llamas. La realidad es otra. La verdadera prevención se hace meses (e incluso años) antes, con tratamientos selvícolas que mejoran la estructura del monte y reducen su vulnerabilidad.
Un solo dato basta para entender la magnitud del reto y la oportunidad: un pino carrasco puede llegar a capturar hasta 50 toneladas de CO₂ al año. Cuidar los bosques es, por tanto, una de las herramientas más eficaces contra el cambio climático, siempre que se haga con criterios técnicos y profesionales.
En 2025, Orthem ha reforzado su papel como referente nacional en gestión forestal, interviniendo en más de 2.000 hectáreas de montes públicos en seis comunidades autónomas. Un trabajo que combina prevención de incendios, restauración ambiental y mejora del estado sanitario de las masas forestales.
Castilla y León ha concentrado la mayor superficie de actuación, con más de 850 hectáreas tratadas en provincias como Segovia, Burgos, Salamanca, Zamora, León, Palencia y Soria. A ello se suman trabajos de restauración forestal y tratamientos preventivos en enclaves estratégicos de alto valor ecológico.
La sierra de Los Filabres, en Almería, ha sido otro de los escenarios clave, con clareos en 600 hectáreas destinados a mejorar la resiliencia del monte mediterráneo frente al estrés hídrico y el fuego. En la Comunidad de Madrid, las actuaciones han abarcado 323 hectáreas en montes públicos, parques periurbanos, espacios protegidos y zonas degradadas, además del mantenimiento de 1.200 cajas nido en áreas verdes de la capital.
Una forma de proteger la vida
La gestión forestal no solo habla de árboles. Habla también de fauna, de equilibrio ecológico y de responsabilidad a largo plazo. Como ejemplo encontramos la intervención en la finca Quintos de Mora, en Toledo, propiedad del Patrimonio Forestal del Estado y gestionada por Parques Nacionales.
Allí, Orthem ha desarrollado tratamientos selvícolas, repoblaciones forestales y la construcción de un cercado de aclimatación para el programa de reintroducción del lince ibérico, uno de los mayores éxitos de conservación de fauna a escala mundial. Gracias a este esfuerzo colectivo, hoy la península ibérica alberga más de 2.400 ejemplares de esta especie que estuvo al borde de la extinción.
Las actuaciones de 2025 se han completado con trabajos de regeneración forestal en zonas incendiadas de Moratalla (Región de Murcia) y con tratamientos selvícolas y de restauración ambiental en montes de la Comunidad Valenciana, desde Alicante hasta Polinyà de Xúquer, Pouet del Saler, Montitxelvo y Ayora.
Un reto compartido, una responsabilidad común
La magnitud de los desafíos ambientales a los que nos enfrentamos exige algo más que esfuerzos aislados. La gestión forestal eficaz solo es posible desde la colaboración entre las administraciones públicas y empresas especializadas, capaces de aportar conocimiento técnico, innovación y capacidad operativa sobre el terreno.
Los montes públicos son un patrimonio colectivo y su cuidado requiere planificación a largo plazo, inversión continuada y una ejecución rigurosa. Cuando lo público y lo privado trabajan de forma coordinada, los resultados trascienden la gestión diaria: se protegen ecosistemas, se reduce el riesgo de incendios, se generan oportunidades en el medio rural y se refuerza la resiliencia del territorio frente al cambio climático.
En el Grupo Hozono Global entendemos esta colaboración como un compromiso compartido con el interés general. Porque cuidar los bosques no es solo una obligación ambiental, es una apuesta estratégica por un modelo de desarrollo más seguro, sostenible y justo para las generaciones presentes y futuras.


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