El festival regresa a Rodalquilar con el apoyo de Hozono Global y una propuesta que conecta cultura, territorio y sostenibilidad.
Hay lugares que no necesitan grandes artificios para convertirse en escenario. Rodalquilar, con su luz mineral, sus montañas ocres y la cercanía del Mediterráneo, es uno de ellos. Allí, en pleno Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, el Festival Otoño y Sal ha encontrado un espacio propio, un punto de encuentro entre la música, la cultura mediterránea, la sostenibilidad y el respeto por el territorio.
El Grupo Hozono Global vuelve a respaldar esta iniciativa cultural que, en pocos años, se ha consolidado como una de las citas más importantes del calendario almeriense. Un festival de pequeño formato, pensado para disfrutarse sin prisas, que propone una manera diferente de vivir la música, cerca de los artistas, cerca del paisaje y cerca de la comunidad que lo acoge.
Un festival con raíz local y vocación sostenible
Otoño y Sal no es solo una programación musical. Es una experiencia construida alrededor de la identidad del Cabo de Gata, su gastronomía, su artesanía, su paisaje, su silencio y su forma pausada de entender el tiempo. La propuesta del festival se aleja del modelo de macroevento y apuesta por un formato boutique, con aforo reducido y una integración respetuosa en el entorno.
Esa escala humana es, precisamente, una de sus señas de identidad. El público no acude únicamente a ver conciertos, sino que participa en una vivencia que combina música, naturaleza y cultura local, en un enclave donde cada detalle invita a bajar el ritmo y a conectar con lo esencial.
Además, la sostenibilidad ocupa un lugar central en el proyecto. El festival promueve medidas orientadas a minimizar el impacto ambiental, fomentar la movilidad responsable, reducir residuos y sensibilizar a los asistentes sobre el valor ecológico del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. En un espacio protegido, disfrutar también significa cuidar.
La celebración del evento en otoño refuerza además su papel como iniciativa desestacionalizadora. Su programación contribuye a atraer visitantes fuera de la temporada estival, generando actividad para la hostelería, el comercio, los productores y los artesanos de la zona.
En Rodalquilar, la música suena entre historia minera, biodiversidad mediterránea y caminos que miran al mar. Ese diálogo entre escenario y paisaje es lo que hace de Otoño y Sal una cita especial, un festival que no se impone al lugar, sino que nace de él.




